El proyecto minero Calcatreu, a periferias de la localidad de Ingeniero Jacobacci, promete transformar la economía rionegrina con empleo y exportaciones. Sin embargo, expone a la provincia a la dependencia de recursos no renovables, precios internacionales volátiles y riesgos ambientales, planteando el dilema entre progreso inmediato y sostenibilidad futura.
Entre la promesa de desarrollo y la dependencia extractiva en Calcatreu
Para la provincia de las “Peras y manzanas”, el último año trajo un giro inesperado. En la Región sur de Río Negro, la localidad de Ingeniero Jacobacci, un lugar de clásico clima frío y ganadería ovina que permiten conocer la calma, se vió sacudida por un nuevo proyecto: el yacimientoCalcatreu.
En lo que el gobierno llama la “Nueva era minera”, la Expo San Juan Minera 2026 marcó un hito institucional para el sector, consolidando un espacio de articulación entre los intereses provinciales y la política nacional. Patagonia Gold Corp se hizo presente con una propuesta: explotación de oro y plata, en articulación con el Gobierno provincial de Río Negro, para su posterior procesamiento en Canadá. Con proyecciones de alrededor de USD 100 millones en ganancias locales, promete transformar un territorio con potencial minero en un actor exportador relevante según lo expresado por Joaquín Aberastain Oro, Secretario de Minería. De tal manera, se espera que dicha iniciativa dé paso a más de “60 proyectos en cartera de minerales energéticos, siendo una punta de lanza para el desarrollo provincial y valorización de los recursos” . El primer cargamento, con destino a Santa Cruz para luego ser procesado en Canadá, ya se encuentra consolidando un derrame económico invaluable para la provincia. Según lo estimado, la cadena de valor local atravesó un revés sin precedentes, con cifras de facturación que superan ya los $11.500 millones en el primer mes de producción. ¿Es incluso egoísta oponerse, cierto? Un pueblo pequeño del sur que se ve dotado de un recurso que multiplica el valor de su tierra. En cuestión de un mes, los carneros y las frutas amenazan con despedirse y el yacimiento metalífero llega a inyectar liquidez directa en la cadena de valor. El sueño es claro: vecinos con empleo, migrantes nuevos, más dinero en las calles que alimenta almacenes locales y empresas provinciales. Pero nada es gratis, y la letra chica de estos contratos se esconde detrás de lo reluciente de sus propuestas. Para el Gobierno, “estrategia que posiciona a la provincia como protagonista en el desarrollo minero” , pero hay voces que dicen lo contrario. El 15 de agosto el Consejo Provincial de Evaluación Ambiental Minera aprobó por unanimidad el Estudio de Impacto Ambiental del “Proyecto Calcatreu” . En la oposición vecinal destacaba Carlos Mardones, presidente de la Cooperativa Ganadera Indígena: “Históricamente, la región vive de la actividad ganadera, principalmente de la cría de ovejas, chivas y algo de vacuno. Nuestro sostén es la lana y el mohair, y después los chivitos y corderos que vendemos en la época de las fiestas”. Si bien el proyecto parece tener un impacto inmediato en la economía rionegrina, es solamente parcial el porcentaje que la casa reserva cuando se juega en su propia tierra. Alrededor del 40% de las acciones de Patagonia Gold pertenece al ex-director de la Minería El Desquite (Carlos Miguens). V olvamos en la historia: comunidades locales clausuran, tras largas e intensas luchas, explotaciones mineras a gran escala. El quiebre definitivo en esa relación, debido a un proyecto de minería a cielo abierto con uso de cianuro a tan solo 10km del centro urbano. La utilización de metales pesados para la extracción, sumado al excesivo uso de agua en una provincia que declaró crisis hídrica, agrava el hecho de que el RIGI otorgó privilegios a las empresas, incluyendo acceso prioritario al agua: “los insumos necesarios para sus operaciones” no estarán sujetos a regulaciones preexistentes ni futuras. Ahora, Calcatreu promete un futuro distinto.Entonces, ¿De quienes son las ganancias? ¿Cuál es el verdadero valor de nuestros recursos, si quienes trabajan la tierra no reciben los frutos y quienes los disfrutan jamás han pisado este suelo? La renta minera sin control firme termina siendo apropiada por intereses externos que no retribuyen a la industria local. Para eso, el Gobierno de Río Negro trae una solución: la Ley 80/20. Con la finalidad de impulsar el sector privado, manteniendo el compromiso con la formación y el empleo rionegrino, obliga a los proyectos productivos y de inversión desarrollados en la provincia, a emplear un mínimo de 80% de mano de obra local, junto con la instrucción de capacitaciones en formación ética y técnicas para el desarrollo de las habilidades laborales de la población. Así, la responsabilidad social empresarial dejó de ser un ideal pasivo para formar parte de la transformación activa de la realidad.
Hoy, el proyecto ya emplea cerca de 200 individuos, de los cuales 155 son oriundos de Rio Negro. ¿Pero, es suficiente para balancear los costos socio-estructurales de este proyecto? Recordemos que la minería siempre fue un poco escasa en generar puestos de trabajo, pues apenas aproximadamente el 0,15% del empleo privado son argentinos que desarrollan sus labores en proyectos megamineros. Nos plantea un cruce entre las promesas de progreso y la realidad de que algunas de las provincias líderes en estos rubros, como San Juan o Catamarca, aún cuentan con alrededor del 40- 45% de pobreza.
¿Qué gana realmente Río Negro?
Diversos autores ya plantearon este punto ciego en las economías latinoamericanas. Cuando se insertan en el mercado internacional, completamente confiadas en el valor de sus productos, olvidan que el precio no es estabilidad: la producción de commodities completamente basada en materia prima y una estructura de exportación poco diversificada, deja un mercado completamente atado a los precios volátiles de las materias primas, en especial en mercados tan cambiantes como el energético o minero. Si los gobiernos no cuentan con instituciones sólidas que puedan sostener mediante leyes, fondos de estabilización o buenas regulaciones, no hay forma de afrontarlo.
¿Alta volatilidad, escasa estabilidad?
No hay nada más desafiante al construir que un futuro incierto. Y resulta paradójico que la mayor oportunidad para impulsar la vida de una población se presente como un salto de fe. La minería abre un debate complejo: por un lado, la dependencia de recursos no renovables y la exposición a precios internacionales volátiles; por otro, la posibilidad de generar empleo, inversión y recursos fiscales que fortalezcan la economía provincial. La provincia produce, pero muchas veces la riqueza se va afuera cuando hay que refinar la materia prima. El riesgo de convertirse en un simple intermediario de sus propios productos, vulnerable a las altas y bajas de los precios de los commodities. Sin embargo, los gobiernos también apuestan a que un mayor control sobre las crecientes rentas extractivas de la exportación energética permitirá, al redistribuir las ganancias hacia el futuro desarrollo de la infraestructura y el mercado interno, aminorar los costos político- sociales de estos proyectos. A más ganancias, con un buen control gubernamental, más inversiones para la futura producción.
¿Es entonces una estrategia que posiciona a la provincia como protagonista de su propio desarrollo, o terminará en la profundización de un modelo extractivista dependiente de factores externos? El futuro dependerá de la capacidad de convertir la riqueza minera en un motor de transformación real y duradera.Con los pies en la tierra, la minería argentina constituye una actividad estable y segura, con un mercado internacional dispuesto a comprar sin titubeos. Pero en muchos casos, ahí se detiene. Sin valor agregado, funciona, pero dentro de un contexto que limita sus ambiciones e impide su expansión hacia un verdadero posicionamiento en el mercado internacional, con productos ya refinados o procesados. Sin embargo, toda crítica debe atenerse a la realidad. Imponer medidas sin tener en cuenta los costos energéticos relativamente altos para Argentina, con faltas infraestructurales, escasez de proveedores tecnológicos especializados y maquinaria adecuada, y un pasado que encasilla en el rol de exportador de materia primaria vuelven casi imposible las ambiciones de industrialización, y probablemente derive en una pérdida de competitividad fatal para esta industria. En algunos casos, exigir procesamiento local puede incluso volver inviables proyectos que de otro modo generarían empleo, exportaciones y recaudación fiscal. Se debe apostar a un cambio real. Río Negro enfrenta un dilema que no permite neutralidad. El futuro no discute cifras actuales ni discursos políticos: se encuentra en la capacidad de decidir si Calcatreu será el inicio de una transformación local, o un capítulo más de ganancias temporales que se terminará junto con el recurso o un cambio de gobierno. La pregunta no es si ceder: es bajo qué términos sacrificar, y cómo asegurar que el progreso no se evapore con el siguiente desplome del precio oro. Es el gobierno provincial quien tiene la potestad, y el deber, de tomar las riendas de las limitaciones y fijar regulaciones ambientales, impositivas, jurídicas y normativas en las concesiones, mano de obra y uso del agua, para que presentes y futuros yacimientos sean trampolines de estas oportunidades, y no pasajes en la historia que dejaron pueblos vacíos cuando ya no resultaban rentables. Entonces, ¿La renta minera es consumida simplemente para financiar costos, dejando atrás tierras exhaustas y futuras deudas para las siguientes generaciones, o se transformará en un motor para volvernos verdaderos protagonistas del desarrollo con infraestructura, educación, energía y diversidad productiva.
Lourdes Nahiara Luna


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