La renuncia de Keir Starmer: dos años de mandatos y el récord de inestabilidad británica

Este lunes, Keir Starmer dejó su cargo como primer ministro británico después de admitir que ya no tenía el respaldo de su propio partido. La gota que rebalsó el vaso fueron las elecciones locales, donde los laboristas perdieron 537 concejales frente al avance de la ultraderecha. La presión interna fue tan fuerte que cuatro de sus propios ministros le pidieron públicamente que renunciara. Starmer seguirá en funciones hasta el otoño, mientras el partido elige a su sucesor. Así, el Reino Unido se prepara para su séptimo primer ministro en diez años.



Por Sara Salas

El Reino Unida ya va por su séptimo primer ministro en diez años.

Esta mañana, el primer ministro británico, Keir Starmer, anunció su dimisión desde la puerta del 10 de Downing Street. El dato no es menor: el Reino Unido se encamina a tener siete primer ministros en apenas una década, una cifra inédita en la historia reciente del país.

¿Qué paso? Starmer reconoció que ya no contaba con la confianza del grupo parlamentario para seguir gobernando, tras una serie de fracasos electorales del Partido Laborista. Los números fueron contundentes: los laboristas perdieron 537 concejales en las elecciones locales de Inglaterra, mientras que el partido ultranacionalista Reform UK se alzó con 785 asientos. En Escocia ganó el Partido Nacionalista Escoces (SNP) y en Gales, el Plaid Cymru desplazó a los laboristas de su histórico feudo.

La presión interna también fue decisiva. Al menos cuatro ministros le habían pedido expresamente que se hiciera a un lado: la titular de Exteriores, Yvette Cooper; el de Lucha contra el Cambio Climático, Ed Miliband; la de Interior, Shabana Manhmood; y la de Transportes, Heidi Alexander.

Starmer se despidió con una frase que resume su postura: "Cada decisión que tomé fue para poner al país que amo primero. Es por eso que dimito como líder del Partido Laborista." Permanecerá en funciones hasta el otoño, tiempo suficiente para que el partido elija un nuevo líder antes de la conferencia anual de septiembre.

¿Y quién viene ahora?

Todo apunta a Andy Burnham, exalcalde de Mánchester, quien sorprendió en las últimas elecciones locales al imponerse a la ultraderecha en la circunscripción de Makerfield. Burnham es visto como una figura con más llegada popular y capaz de reencauzar al laborismo.

De Cameron a Starmer: diez años de inestabilidad política:

Para entender la magnitud del momento, vale repasar lo que pasó en los últimos diez años. Todo comenzó con el Brexit: en 2016, David Cameron renunció tras la victoria del voto a favor de salir de la Unión Europea, al considerar que debía ser otro quien ejecutara esa decisión. Le siguió Theresa May, quien durante casi tres años intentó negociar el Brexit con Bruselas, pero el rechazo parlamentario repetido erosionó su autoridad hasta que dimitió en 2019.

Después llegó Boris Johnson, que concretó la salida británica de la UE el 31 de enero de 2020, pero cayó en 2022 por el escándalo de las fiestas en Downing Street durante los confinamientos por COVID-19. Su sucesora, Liz Truss, apenas duró 45 días: su plan de recortes fiscales sin financiación derrumbó la libra esterlina y forzó la intervención del Banco de Inglaterra. Luego vino Rishi Sunak, quien intentó estabilizar la economía pero terminó convocando elecciones anticipadas en 2024, en las que los conservadores sufrieron su peor derrota histórica.

Starmer llegó entonces con la promesa de devolver la estabilidad, pero duró menos de dos años.

El contraste con el pasado es llamativo: entre 1979 y 2007, el Reino Unido tuvo solo tres primeros ministros —Thatcher, Major y Blair— en casi tres décadas. Hoy, esa estabilidad parece cada vez más difícil de recuperar.



La renuncia de Starmer no es solo la caída de un líder más: es el síntoma de un sistema político que lleva una década sin encontrar el rumbo. Desde el Brexit, el Reino Unido parece atrapado en un ciclo de crisis, promesas incumplidas y liderazgos que se desgastan antes de consolidarse. El próximo ocupante de Downing Street heredará un país cansado de la inestabilidad, y una pregunta que todavía no tiene respuesta: ¿puede la política británica volver a ser lo que alguna vez fue, o la puerta giratoria ya se convirtió en la nueva normalidad?


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