El empleo joven en Río Negro, mucho más que un incentivo fiscal
El Gobierno provincial puso en marcha una iniciativa para facilitar la inserción laboral de jóvenes de entre 18 y 23 años. La propuesta aborda una dificultad concreta y apuesta a vincular al Estado, las empresas y las nuevas generaciones para que el crecimiento de Río Negro también se traduzca en oportunidades de trabajo.
Escrito por: Luis Falco - Instagram: @Falcoluis11
Conseguir
el primer trabajo no es fácil. Muchos jóvenes terminan sus estudios, buscan
incorporarse al mercado laboral y se encuentran con el mismo obstáculo una y
otra vez: les piden experiencia. Pero ¿cómo se supone que van a adquirirla si
nadie les da la posibilidad de empezar? Es una contradicción que conocemos
bastante bien quienes estamos dando nuestros primeros pasos en el mundo
laboral.
Por
eso, cuando el Gobierno de Río Negro anunció el programa Empleo Joven
Rionegrino, el pasado agosto, puso sobre la mesa una cuestión que merece
atención. No se trata solamente de una medida para incentivar contrataciones,
sino de una herramienta que busca acercar a los jóvenes a su primera
experiencia laboral formal y facilitar que las empresas les abran las puertas.
La
iniciativa parte de una idea razonable. Si uno de los obstáculos para contratar
a una persona sin experiencia son los costos que implica incorporarla, el
Estado puede intervenir para reducir esa dificultad. El programa contempla un
crédito fiscal equivalente al 50% de las contribuciones patronales, que puede
alcanzar el 75% en determinados casos y extenderse hasta 24 meses. A esto se
suman la capacitación y el acompañamiento laboral.
Me
parece importante destacar este punto. Durante mucho tiempo, el debate sobre el
empleo juvenil quedó asociado a las dificultades de los jóvenes para conseguir
trabajo, pero no siempre se prestó la misma atención a las condiciones que
enfrentan los comercios, las pequeñas y medianas empresas y los empleadores que
necesitan incorporar personal. Una política que contemple ambas realidades
puede contribuir a acercar posiciones y generar oportunidades que, de otro
modo, quizás no llegarían a concretarse.
Esto no
significa que las empresas deban contratar únicamente porque reciben un
beneficio. Significa reconocer que, cuando se busca generar empleo, también es
necesario crear condiciones para que contratar sea una alternativa posible. El
Estado no puede garantizar por sí solo que cada joven consiga trabajo, pero sí
puede desarrollar herramientas que ayuden a que eso ocurra. En ese sentido, la
decisión del Gobierno provincial va en una dirección que vale la pena
acompañar.
Hay,
además, un aspecto que considero especialmente relevante. El programa no se
limita al incentivo fiscal. También contempla instancias de formación
profesional, certificación de competencias y acompañamiento de las trayectorias
laborales. Esto importa porque el primer empleo no debería ser solamente una
puerta de entrada al mercado laboral, sino también una oportunidad para
aprender, ganar experiencia y adquirir herramientas que sirvan para el futuro.
La
capacitación, por supuesto, tiene que estar conectada con la realidad del
trabajo. No alcanza con ofrecer cursos que después no tengan relación con las
necesidades de las empresas ni con las posibilidades de desarrollo de cada
localidad. La articulación entre el sistema educativo, la formación profesional
y el sector privado será fundamental para que la iniciativa tenga un impacto
duradero.
En este
punto, el Servicio de Empleo Rionegrino puede cumplir un papel importante.
Vincular a quienes buscan trabajo con las empresas que necesitan incorporar
personal ayuda a ordenar esa búsqueda y a acercar dos realidades que muchas
veces no logran encontrarse. Para un joven que no tiene experiencia ni
contactos laborales, contar con una herramienta de intermediación puede
representar una diferencia concreta.
El
desafío también debe pensarse desde la realidad productiva de Río Negro. La
provincia atraviesa un proceso de transformación, con oportunidades vinculadas
a la energía, la minería, el turismo, la logística, el comercio y los
servicios. Ese escenario abre posibilidades, pero también plantea una
responsabilidad. El crecimiento económico tiene que traducirse en mejores
perspectivas para quienes viven acá, especialmente para las nuevas
generaciones.
No
alcanza con celebrar las inversiones si los jóvenes rionegrinos no encuentran
la manera de incorporarse a las actividades que se desarrollan en su propia
provincia. Para eso hacen falta formación, información y políticas que conecten
las necesidades de los empleadores con las capacidades de quienes buscan una
oportunidad. Empleo Joven puede contribuir a construir ese vínculo.
Hay una
dimensión que a veces se pierde en las discusiones económicas. Tener un trabajo
no significa únicamente recibir un sueldo a fin de mes. También permite ganar
autonomía, asumir responsabilidades, organizar proyectos personales y empezar a
tomar decisiones propias. Para muchos jóvenes, el primer empleo es una parte
importante del camino hacia la independencia. Facilitar ese comienzo tiene un
valor que va más allá de cualquier incentivo fiscal.
Naturalmente,
la medida deberá demostrar sus resultados con el tiempo. Será importante
conocer cuántos jóvenes acceden al empleo formal, cuántos mantienen sus puestos
una vez finalizados los beneficios y si la formación recibida mejora sus
posibilidades de conseguir nuevas oportunidades. Esa evaluación no le quita
valor a la iniciativa. Por el contrario, permitirá identificar qué funciona,
corregir lo necesario y fortalecer una política que apunta a resolver un
problema real.
También
será fundamental que el programa llegue a las distintas localidades de Río
Negro y no quede concentrado en los principales centros urbanos. Las
oportunidades laborales y las posibilidades de capacitación no son iguales en
toda la provincia. Si se busca ampliar el acceso al primer empleo, esa
diversidad territorial tiene que estar presente en la implementación.
Creo
que Empleo Joven Rionegrino es una iniciativa valiosa porque parte de una
dificultad concreta y propone una respuesta que combina incentivos, formación y
articulación con el sector privado. No pretende resolver por sí sola todos los
problemas del mercado laboral, pero sí intervenir sobre una de las barreras que
enfrentan quienes quieren empezar a trabajar. Y eso ya representa un paso en la
dirección correcta.
Río
Negro necesita seguir generando actividad económica, atraer inversiones y
fortalecer a sus empresas. Pero también necesita que los jóvenes puedan ser
parte de ese proceso, sin sentir que para construir un futuro tienen que irse
de su provincia o depender de la suerte para conseguir una oportunidad.
El
primer empleo no resuelve todo, pero puede cambiar mucho. Por eso, iniciativas
como esta merecen ser acompañadas, evaluadas y mejoradas. El verdadero desafío
será convertir la propuesta en experiencias laborales concretas, con formación,
continuidad y posibilidades de crecimiento. Si el programa consigue que más
jóvenes rionegrinos puedan empezar a construir su futuro desde el trabajo,
habrá cumplido una función importante para ellos y para el desarrollo de la
provincia.



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