Jujuy: gobernabilidad negociada entre La Libertad Avanza y el radicalismo
Escrito Por
Úrsula Iguaran - jujeño, bien coya
Jujuy vive una paradoja: el radicalismo
gobierna la provincia desde 2015, pero en octubre de 2025 perdió la elección
nacional por casi 17 puntos frente a La Libertad Avanza. Su rival electoral es,
a la vez, el gobierno del que depende fiscalmente. De esa tensión nace el
comportamiento de sus diputados en el Congreso.
Dos lentes: gobernabilidad y renta
Antonio Camou define la gobernabilidad como
un equilibrio dinámico entre las demandas sociales y la capacidad del sistema
político para responderlas de forma eficaz y legítima. No es un atributo del
gobierno, sino una propiedad de la relación entre gobernantes y gobernados. Un
Ejecutivo en minoría parlamentaria, como el de Milei, no la posee: la construye
en cada votación.
Michael Coppedge añade la noción de fórmula
de gobernabilidad: acuerdos, explícitos o tácitos, entre actores estratégicos
que controlan recursos de poder. George Tsebelis ofrece el instrumento
complementario: los jugadores con veto, cuyo acuerdo es necesario para cambiar
el statu quo. En la Argentina, la literatura (Jones y Hwang; Gibson y Calvo)
muestra que esos jugadores no son los bloques nacionales sino los gobernadores,
que disciplinan a "sus" diputados.
Yanis Varoufakis aporta una tercera lente,
más polémica. En Tecnofeudalismo
sostiene que el beneficio capitalista cede su lugar a la renta que extraen los
dueños del "capital en la nube" (plataformas que no compiten en
mercados, sino que los poseen). Los demás actores dejan de ser competidores y
pasan a ser vasallos que pagan peaje por acceder. Aquí se usa esa categoría
como analogía: para leer el federalismo fiscal discrecional y la política de
plataformas que define a LLA.
El registro: de la resistencia a la convergencia
El voto de los diputados radicales jujeños
recorrió tres fases: apoyo selectivo (2024), diferenciación electoral (2025) y
convergencia condicionada (2026). En agosto de 2026, por primera vez, ambos
votaron juntos a favor de dos leyes centrales del oficialismo.
La lectura es nítida. En 2024 el
radicalismo jujeño aceptó la agenda de desregulación, pero se negó a convalidar
el ajuste sobre jubilados: en septiembre de ese año el veto se sostuvo con 153
votos contra 87, y los dos jujeños quedaron entre los derrotados. En 2025, año
electoral, el partido se refugió en Provincias Unidas y marcó distancia con
abstenciones.
El punto de inflexión es la derrota de
octubre de 2025. Desde entonces, Rizzotti acompaña al oficialismo en las leyes
estructurales y Zigarán lo resiste en las que tocan derechos laborales o
ambientales, Se puede ver que la división no es desorden sino cobertura
Jujuy como laboratorio: aliados en Buenos Aires, rivales
en casa
En cinco meses de 2025 el mapa se invirtió.
En mayo, Jujuy Crece ganó la Legislatura con 38,25% contra 20,95% de LLA. En
octubre, LLA obtuvo 35,76% y dos de tres bancas nacionales; Jujuy Crece, 19,19%
y una. El electorado distingue entre gestión provincial y proyecto nacional, y
castiga al radicalismo cuando compite en el segundo terreno.
En términos de Tsebelis, LLA es jugador con
veto en dos arenas opuestas. En el Congreso necesita a Sadir; en la
Legislatura, Sadir necesita siete votos que solo pueden venir de LLA o del
peronismo, con nueve bancas. Cada uno cobra en una arena lo que concede en la
otra.
La lectura tecnofeudal: peaje fiscal y feudo algorítmico
La analogía con Varoufakis ilumina dos
mecanismos, aunque debe usarse con cautela: su teoría describe la economía de
plataformas, no el federalismo.
El primero es el peaje fiscal. Las transferencias no automáticas funcionan como una
renta de acceso: no se ganan compitiendo, se obtienen mostrando lealtad. En
febrero de 2026 cayeron 35,7% interanual en términos reales y Jujuy recibió
apenas $3.470 millones. Con recursos escasos y discrecionales, el voto
legislativo se convierte en la moneda con la que la provincia paga su acceso al
Tesoro. El gobernador deja de ser socio de una coalición y pasa a parecerse a
un vasallo que negocia su tributo.
El segundo es el feudo algorítmico. LLA construyó su ventaja fuera de las
estructuras territoriales clásicas, en la economía de la atención de redes
sociales. Varoufakis llama "siervos de la nube" a los usuarios que
producen valor gratis para las plataformas. En política, el militante digital
cumple esa función: genera alcance con mucha menos dependencia de la estructura
clásico partidaria, mientras la UCR se encuentra en la transición de una
militancia netamente territorial a una lógica algoritmica que aún no controla
La convergencia de ambos mecanismos explica
la asimetría. LLA puede perder la Legislatura y ganar la elección nacional; el
radicalismo necesita gobernar para existir. Por eso cede votos en el Congreso:
es el precio de conservar los recursos que sostienen su gestión y su red
territorial.
Escenarios hacia 2027
La fórmula de gobernabilidad actual es
estable en el Congreso e inestable en la provincia. Jujuy desdoblará sus
elecciones, probablemente en mayo de 2027, y LLA promete candidatos propios en
todas las categorías. Se abren tres escenarios:
1.
Coalición tácita sostenida. El
radicalismo sigue votando leyes estructurales a cambio de obras y avales, y LLA
compite localmente sin romper. Es el escenario más probable mientras el
Presupuesto 2027 esté en negociación.
2.
Ruptura competitiva. Si el bloqueo del
crédito Fonplata escala, Sadir podría retirar votos en el Congreso para
demostrar su capacidad de veto. El costo sería menos transferencias en un año
electoral.
3.
Absorción. Una alianza electoral formal
LLA–UCR en la provincia, como ocurrió en Mendoza y Chaco en 2025. Choca con la
estrategia libertaria de desgastar al gobernador y con la identidad del
radicalismo de Morales.
En
Jujuy la gobernabilidad no se construye con programas compartidos, sino con
intercambios. En la lectura de Camou, ese equilibrio es eficaz a corto plazo,
pero de legitimidad frágil: el votante ve a dos rivales que pactan en Buenos
Aires y se enfrentan en Alto Comedero. Quien logre explicar esa contradicción
mejor que el otro tendrá ventaja en 2027.
Queda
abierto un contrapunto: defensores del Gobierno sostienen que un Ejecutivo en
minoría y con metas de equilibrio fiscal solo puede gobernar mediante acuerdos
caso por caso, y que eso es negociación legítima, no extorsión; críticos del
federalismo actual ven en ellos una recentralización de hecho. Ambas lecturas
son compatibles con el mismo registro de votos.
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