El peligro de gobernar ignorando las leyes: el desfinanciamiento que hipoteca el futuro académico

 Miles de personas marcharon en defensa de la universidad pública ante el recorte de fondos. El artículo analiza cómo la decisión del oficialismo de ignorar la Ley de Financiamiento genera una crisis institucional y salarial, afectando la estabilidad de las aulas y el derecho a estudiar.


La Ley de Financiamiento en el ojo de la tormenta
El núcleo del conflicto actual radica en la Ley de Financiamiento Universitario, una normativa que la gestión de La Libertad Avanza ha decidido no cumplir bajo el argumento de la inviabilidad técnica. Alejandro Álvarez, subsecretario de Políticas Universitarias, afirmó recientemente que la ley "nació muerta". La gestión nacional se ampara en la Ley de Administración Financiera, sosteniendo que cualquier gasto debe tener una contrapartida de ingresos claramente identificada, algo que, según el oficialismo, esta ley omite.
Desde la Casa Rosada insisten en que la ejecución de esta ley, sin fondos asignados, obligaría a suspender otras partidas o comprometer la estabilidad fiscal, pilar innegociable de la actual administración. Sin embargo, para los rectores y sindicatos, el no cumplimiento de la ley representa un ahogo financiero que pone en riesgo el segundo semestre de clases.

La calle como respuesta al desfinanciamiento
El pasado martes, la Plaza de Mayo no fue solo el escenario de una protesta gremial, sino el epicentro de un reclamo por la supervivencia de uno de los pilares del Estado argentino. La "Cuarta Marcha Federal Universitaria" dejó un mensaje político ineludible: la educación pública es una línea roja para una sociedad que, aun en crisis, se niega a rifar su posibilidad de ascenso social.
A pesar de los intentos del oficialismo por reducir el conflicto a una disputa de números o a una "operación política" de la oposición, la presencia de 120.000 personas en las calles del AMBA —y miles más en todo el país— demuestra que la preocupación es transversal. No se trata simplemente de una demanda salarial; se trata de la resistencia contra un modelo que parece considerar la inversión educativa como un gasto prescindible en el altar del superávit fiscal.

La discrecionalidad como norma: El quiebre de la seguridad jurídica
El punto más crítico de la gestión actual es su postura frente a la Ley de Financiamiento Universitario. Desde la subsecretaría del área, se ha instalado una frase que atenta contra la seguridad jurídica de la nación: “La ley nació muerta”. Este argumento, esgrimido por la administración nacional, sostiene que la falta de una partida presupuestaria específica en el texto de la ley la vuelve inaplicable.
Sin embargo, esta interpretación sienta un precedente peligroso. En una democracia, las leyes sancionadas por el Congreso deben cumplirse. La discrecionalidad con la que el Poder Ejecutivo decide qué leyes ejecutar y cuáles ignorar, basándose exclusivamente en criterios de caja, debilita la división de poderes. Si la administración nacional puede declarar "muerta" una ley que no le resulta funcional a su plan económico, nos encontramos ante un escenario de fragilidad institucional donde el presupuesto manda por sobre la Constitución.

La deslegitimación como estrategia política
Para justificar el ajuste, el oficialismo ha recurrido sistemáticamente a la táctica de la deslegitimación. Al tildar las marchas de "hechos partidarios" y señalar la presencia de dirigentes opositores, se busca invisibilizar el reclamo genuino de docentes que perciben salarios por debajo de la línea de pobreza y de estudiantes que ven peligrar la continuidad de sus carreras.
Esta narrativa oficial intenta reducir la universidad pública a un antro de "adoctrinamiento" o a una estructura ineficiente. Pero lo que la gestión de La Libertad Avanza omite es que la universidad es, para miles de familias, la única institución que funciona y que ofrece esperanza de progreso. Atacar la ley de financiamiento no es "auditar el gasto", es atacar el corazón del sistema que permite que el hijo de un trabajador pueda aspirar a ser profesional.

El mito de la eficiencia frente al derecho a la educación
La administración ha intentado trasladar el debate a una cuestión de "costo por graduado", utilizando comparaciones simplistas entre diferentes facultades. Este enfoque mercantilista ignora deliberadamente que la función de la universidad nacional no es generar dividendos, sino producir conocimiento, ciencia y cultura.
El dilema de las aulas vacías que enfrentamos hoy es la consecuencia directa de una decisión política: la de priorizar el pago de intereses de deuda y el ahorro fiscal por sobre el pago de salarios dignos y el mantenimiento de la infraestructura científica. Gobernar implica elegir prioridades, y el hecho de que el Ejecutivo prefiera entrar en desacato con una ley de financiamiento antes que ajustar en otras áreas menos sensibles, habla a las claras de su escala de valores.

Conclusión: Un futuro en suspenso
El conflicto universitario ha llegado a un punto de no retorno. Con una Ley de Financiamiento que el Gobierno se niega a reconocer y un presupuesto prorrogado que se licúa mes a mes, las instituciones están siendo empujadas al colapso operativo.
No estamos ante una crisis económica inevitable, sino ante una crisis provocada por la voluntad política de desfinanciar. Mientras la administración nacional persista en su visión de que la educación pública es un lujo que el país no puede costear, la tensión en las calles seguirá creciendo. El respeto por la ley y por la educación no puede ser opcional para quien ostenta el poder; es la base misma sobre la que se construye una nación soberana.


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