Cómo el modelo digital que llevó a Milei a la presidencia empieza a replicarse a escala provincial
Por Úrsula
“Ser Joven y no ser un revolucionario
es una contradicción hasta biológica”– Salvador Allende
El tecnofeudalismo, según el economista Yanis Varoufakis, es el sistema en el que las grandes plataformas digitales —Amazon, Meta, Google, X— acumulan poder mediante el control de datos y algoritmos, convirtiendo a los usuarios en vasallos que trabajan para sus señores digitales sin percibir salario ni reconocer su propia sujección.
Con cada revolución tecnológica surgen promesas de un mundo mejor. La lógica individualista que circula en los medios de comunicación y las plataformas digitales ofrece a todos la posibilidad de convertirse en señores de su propio feudo: bastará con acumular datos, dominar algoritmos y crecer en seguidores para obtener poder. Lo que esa promesa no dice es que, por cada señor que asciende, miles quedan en el lugar de vasallos atados al dominio de plataformas que no controlan y que jamás les pertenecerán.
La expresión política del tecnofeudalismo tiene en Javier Milei a su mayor exponente latinoamericano. En menos de tres años, este outsider de la economía académica pasó de dar conferencias en salones a ocupar la Casa Rosada. Su ascenso no fue obra de la casualidad: lo alimentaron el agotamiento social, la crisis económica acumulada, los escándalos de corrupción y el hartazgo ante una clase política que en cincuenta años no había ofrecido una alternativa real. Ese humus cultural produjo la tormenta perfecta para que miles de jóvenes y adolescentes —vasallos digitales, en términos de Varoufakis— lo posicionaran, lo instalaran y, finalmente, lo llevaran al sillón de Rivadavia.
EL CASO JUJUY
Jujuy no es la excepción a esta nueva gramática política. Las redes sociales, los diarios digitales y las plataformas de streaming, articulados con un mensaje claro y la promesa de un futuro diferente, tienen la capacidad de convertir a un outsider en el candidato más competitivo de la provincia. La pregunta no es si ese fenómeno puede ocurrir aquí. Ya está ocurriendo.
El meleísmo jujeño tiene cara, y es la de Manuel Quintar: empresario de la salud, deportista de alto rendimiento y hombre de extrema confianza de Lule Menem. Quintar lleva meses trabajando con su estructura territorial y digital en espacios que la política tradicional subestima: las elecciones del Colegio de Abogados, las del Consejo Académico y las del Consejo Superior de la Universidad Nacional de Jujuy. Esas trincheras aparentemente menores son, en realidad, el laboratorio donde La Libertad Avanza prueba su capacidad de movilización antes de disputar el Palacio de la calle San Martín en 2027.
Quintar avanza, como reza el viejo apotegma político, sin prisa pero sin pausa. Su bloque legislativo acumula pedidos de informes y proyectos en la Legislatura provincial desde enero de este año. El vocero del Gobierno Provincial, el contador devenido en portavoz oficial, el “Adorni jujeño”— ocupa las mañanas mediáticas para posicionarlo sistemáticamente en la vereda de enfrente del co-gobierno Morales-Sadir. El resultado, buscado o no, es que la ciudadanía ya empieza a procesar mentalmente quiénes se disputarán el futuro de la provincia dentro de unos meses: el oficialismo y La Libertad Avanza.
EL INTERROGANTE
Resta saber si Quintar será, como alguna vez señaló Eric Hobsbawm al referirse a los movimientos que irrumpen con fuerza pero sin estructura, apenas una brisa de primavera —intensa, fresca, pasajera— o si, por el contrario, logrará dar vuelta la página de la política jujeña de manera definitiva. La respuesta la tiene el tiempo. Y, en última instancia, la voluntad del pueblo.


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