La guerra frIA

 La guerra frIA


Autor:  Federico Muller

No resulta para nada novedoso el crecimiento que la IA tiene en el mundo y cómo forma parte cada vez más de nuestro día a día. Esta cuestión atraviesa al actor que históricamente más impulsó los desarrollos tecnológicos: el Estado, que como motor del desarrollo, no es ajeno al nuevo paradigma. 

Un caso que ilustra esto es el desarrollo de la bomba atómica en la Guerra Fría. Estados Unidos operaba bajo el esquema GOCO (Government-Owned, Contractor-Operated: propiedad del Estado, operado por contratistas), dirigido por la Comisión de Energía Atómica (AEC), una agencia federal civil que mantenía el monopolio absoluto sobre el material fisionable y los secretos nucleares, y que delegaba en el privado la construcción de las plantas químicas y de enriquecimiento. En el caso de su competidor, la Unión Soviética, la responsabilidad y obra eran totalmente estatales. 

Hoy en día el esquema ha sido tocado: tenemos un nuevo actor que le compite a Estados Unidos y es China, pero el verdadero cerebro de fondo sigue siendo el Estado. EE. UU. encuentra en Silicon Valley su desarrollador técnico, pero quien realmente pone los límites es el gobierno, que al igual que en la Guerra Fría se rehúsa a parar por la dinámica de carrera en la que se ve inmerso. Mediante órdenes ejecutivas y del Instituto de Seguridad de la IA (US AISI), evalúa riesgos de seguridad nacional, bioseguridad y ciberataques, pero deja la investigación teórica, los datos y los algoritmos íntegramente en manos del mercado corporativo y el capital de riesgo. 

El caso chino, a diferencia del estadounidense, tiene un Estado que financia inversiones clave, mantiene presencia directa mediante comités dentro de las empresas, retiene participaciones accionarias estratégicas (golden shares) y exige que cualquier modelo comercial esté registrado y alineado ideológicamente con las pautas oficiales. 

Podríamos afirmar que en EE. UU. predomina una lógica horizontal, en donde el Estado crea el marco normativo pero delega su desarrollo en empresas especializadas, evitando a toda costa que las novedades del sistema caigan en manos de China. Esta delegación generó tensiones entre las propias empresas y el Estado en un panorama cada vez más complicado de abordar por el constante avance tecnológico. Mientras tanto, el panorama chino remarca la verticalidad de un gobierno que dirige y un privado que responde.

Al igual que en el desarrollo nuclear, la IA también se presenta como un arma de doble filo: su uso puede ser benevolente resolviendo problemas, pero también puede generar escaladas de violencia y un uso militar peligroso. De aquí viene la ambición de ambos países por llevar la delantera. La IA hoy ya funciona para identificar automáticamente blindados, radares y movimientos de tropas en transmisiones de video en vivo de drones, alertando al comando central, entre muchas otras cosas. 

Este panorama remarca que el Estado aún sigue siendo el actor principal del sistema, pero aceptando la complejidad de un entorno que se vuelve cada vez más impredecible. 


Comentarios