Este informe analiza cómo la expansión de los BRICS reconfigura el tablero internacional en el marco de la transición energética. Se examina la tensión entre el multilateralismo emergente y la disputa por recursos estratégicos, evaluando si este nuevo bloque puede ofrecer una alternativa sólida frente a la hegemonía occidental tradicional.
Desafíos y oportunidades estratégicas en la transición hacia un modelo post - fósil
El cambio de paradigma
El sistema internacional atraviesa una metamorfosis estructural donde la unipolaridad de la posguerra fría parece ceder ante un modelo de multipolaridad fragmentada. Una unipolaridad que no solo era militar, sino financiera y energética. En este escenario, la reciente expansión de los BRICS (ahora BRICS+) no debe entenderse meramente como una alianza comercial, sino como una respuesta política coordinada que busca redefinir las reglas de juego global. Además, la entrada de potencias energéticas como Irán o los Emiratos Árabes no es casual. Este fenómeno coincide, de manera no fortuita, con la urgencia climática que obliga a una transición energética acelerada.
Este giro hacia la multipolaridad fragmentada representa un desafío directo a las instituciones creadas tras la Segunda Guerra Mundial. Mientras que Occidente intenta liderar la narrativa climática, el bloque emergente busca que la transición energética no sea una nueva forma de imposición del Norte, sino una herramienta de desarrollo soberano.
La energía como vector de poder en los BRICS
La relación entre estos dos ejes es clara: la transición hacia energías limpias requiere de una base material de minerales críticos que se encuentran, mayoritariamente, en los países del “Sur Global” y en naciones que hoy integran o aspiran a integrar el bloque BRICS+. Minerales críticos presentes en el Triángulo del Litio por ejemplo, entre Argentina, Bolivia y Chile.
Aquí es donde la mirada crítica y analítica revela que la transición energética no es sólo un imperativo ambiental, sino el nuevo campo de batalla geopolítico.
Si la era del petróleo estuvo marcada por la influencia de Occidente en Oriente Medio, la era del litio y las tierras raras está posicionando a los BRICS como un polo de poder influyente: Los BRICS+ ahora controlan un porcentaje determinante del crudo mundial y de las tierras raras necesarias para imanes de molinos eólicos y motores eléctricos.
China, por ejemplo, no solo extrae, sino que domina el refinamiento, lo que obliga a las potencias tradicionales a una “desconexión” (de-risking) difícil de ejecutar.
La entrada de nuevos miembros con vastas reservas energéticas y capacidades de refinamiento plantea un desafío directo a la arquitectura financiera y de seguridad establecida por las potencias tradicionales.
La desdolarización y el financiamiento verde: El rol del Nuevo Banco de Desarrollo
Un pilar fundamental en la estrategia de los BRICS+ para consolidar un nuevo orden multipolar es la reconfiguración de la arquitectura financiera global. El Nuevo Banco de Desarrollo (NBD) surge no sólo como una alternativa al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial (BM), sino como el motor financiero de la transición energética en el Sur Global. Este permite proyectos de infraestructura sin las “recetas” de austeridad del FMI. Sin embargo, advierte sobre el riesgo de una “trampa de deuda” con Beijín.
La apuesta por la desdolarización en el comercio de materias primas energéticas busca mitigar la vulnerabilidad de las economías emergentes ante las fluctuaciones de la política monetaria estadounidense. Al financiar proyectos de infraestructura verde en monedas locales, el bloque intenta romper con las condicionalidades macroeconómicas tradicionales. Si el comerció de energía deja de ser exclusivamente en dólares, el sistema financiero global cambiará para siempre (un ejemplo es el “petroyuán”).
Sin embargo, una mirada crítica nos obliga a cuestionar si esta nueva arquitectura financiera logrará democratizar el acceso al capital o si simplemente desplazará la dependencia hacia nuevos centros de poder financiero, como Beijing o Riad. La argumentación central aquí reside en que la soberanía energética es inalcanzable sin una previa soberanía financiera que permita inversiones a largo plazo sin riesgos de sanciones o embargos occidentales.
Soberanía VS. Dependencia Tecnológica: El nexo energía - datos
La transición hacia una matriz limpia no depende exclusivamente de la extracción de litio o cobalto; depende, fundamentalmente, de la tecnología de gestión. Es aquí donde la soberanía digital se entrelaza con la energética. Las redes eléctricas inteligentes (Smart grids) y los sistemas de almacenamiento a gran escala generan volúmenes masivos de datos estratégicos sobre el consumo y la distribución de recursos de una nación.
La soberanía digital no es un concepto aislado. El riesgo oculto en la transición es pasar de una dependencia de los combustibles fósiles a una dependencia tecnológica de patentes y software extranjero. Existen preocupaciones detrás de los acuerdos de datos, especialmente con potencias como Estados Unidos, porque implicarían la entrega del control algorítmico de la eficiencia energética nacional.
Si los países en desarrollo no logran desarrollar sus propias capacidades de procesamiento de datos y manufactura de componentes, la “transición verde” podría convertirse en una nueva forma de colonialismo digital. Existen informes académicos que señalan que este es el sucesor del extractivismo fósil.
La integración de sistemas de gestión energética bajo acuerdos de datos con potencias tecnológicas plantea la duda de quién posee realmente la llave del interruptor nacional. Una transición energética verdaderamente soberana debe incluir el control sobre la infraestructura crítica de datos que opera dichas energías. Por ejemplo, si un país de América Latina usa tecnología china para su red eléctrica, pero firma acuerdos de datos con EE. UU., ¿Quién tiene la soberanía real?
Conclusión: ¿Hacia un multilateralismo equitativo o una nueva competencia de bloques?
En conclusión, la expansión de los BRICS y la carrera por la hegemonía energética están redibujando las fronteras del poder global. El paso de un mundo unipolar a uno de multipolaridad fragmentada ofrece a los países periféricos una ventana de oportunidad para negociar mejores términos en el intercambio de sus recursos naturales.
No obstante, para que este nuevo multilateralismo sea equitativo, debe trascender la mera extracción de minerales críticos y avanzar hacia la transferencia tecnológica y la cooperación científica real.
El desafío para el bloque es demostrar que su modelo de desarrollo puede armonizar el crecimiento económico con la preservación ambiental, sin replicar las lógicas extractivistas del siglo pasado. La argumentación final sugiere que estamos ante el nacimiento de una geopolítica donde la integración de recursos energéticos, de datos y finanzas no es una opción, sino un requisito de supervivencia para los Estados. Son indivisibles; sólo aquellos actores capaces de integrar estas tres dimensiones lograrán una posición de liderazgo en el siglo XXI.
Y los BRICS+ han entendido que el poder ya no reside solamente en poseer el recurso, sino en procesar la información que este genera y en tener la moneda que lo intercambie. La transición energética será el factor que decida si este siglo será el de una cooperación multilateral real o el de una guerra fría tecnológica material.
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Instagram: @martuprevetti


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